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Bruno Mauricio de Zabala.

El hombre sin rostro que fundó Montevideo.

 

   

La historia suele recordar nombres, fechas y batallas. Pero a veces olvida algo esencial: los rostros. Y quizá no exista ejemplo más extraño en el Río de la Plata que el de Bruno Mauricio de Zabala, el fundador de Montevideo, un hombre cuya verdadera cara jamás conocimos.Tres siglos después, seguimos imaginándolo.Nació en 1682, en el País Vasco, en las afueras de Durango. Venía de una familia poderosa vinculada a la administración colonial española. Quedó huérfano siendo niño y eligió temprano el camino de las armas. Peleó en la Guerra de Sucesión Española defendiendo a Felipe V y allí comenzó a construirse la leyenda del vasco de la mano de plata”.En el sitio de Lérida perdió el brazo derecho. Desde entonces utilizó una prótesis de plata que llevaba como símbolo de guerra y supervivencia. Años después, herido y prisionero en Zaragoza, logró escapar. La Corona recompensó aquel coraje ascendiéndolo rápidamente dentro del ejército.
Pero el destino de Zabala no estaba en Europa.


En 1717 llegó a Buenos Aires como gobernador y capitán general del Río de la Plata. Encontró una región frágil, amenazada por portugueses, corsarios y disputas imperiales. España sabía que si no ocupaba definitivamente la Banda Oriental, terminaría perdiéndola.Y Zabala entendió la urgencia.Montevideo todavía no existía. Había apenas una bahía extraordinaria, un cerro visible desde el mar y un territorio disputado por portugueses y españoles. Cuando en 1723 una expedición portuguesa intentó instalarse en la zona, Zabala reaccionó de inmediato.En enero de 1724 llegó personalmente a la bahía de Montevideo. Ordenó levantar fortificaciones, construir un fuerte y asegurar la presencia española. Allí, donde hoy se encuentra la Plaza Zabala, comenzó a nacer la ciudad.


No fue una fundación romántica.


Fue una decisión militar. Montevideo nació como frontera armada del imperio español.Poco después comenzaron a llegar las primeras familias canarias, indígenas tapes y esclavos africanos. Entre ranchos, barro y viento se delinearon las primeras calles de San Felipe de Montevideo, nombre elegido en honor al rey Felipe V. Zabala gobernó el Río de la Plata durante más de dieciséis años. Fue además uno de los hombres más duros de la Corona en América. Sofocó rebeliones en Paraguay, enfrentó levantamientos comuneros y consolidó el poder español en una región marcada por conflictos permanentes.Murió en 1736, durante un viaje por el río Paraná. Su cuerpo fue enterrado en la Catedral de Buenos Aires. Pero su nombre quedó unido para siempre al nacimiento de Montevideo.


Sin embargo, hay un detalle extraordinario.

El rostro con el que hoy se lo representa probablemente no sea el suyo. La imagen más famosa de Zabala, reproducida en monumentos, libros, sellos y billetes, habría sido creada muchos años después utilizando como referencia un personaje ilustrado de Los tres mosqueteros”, de Alejandro Dumas.Es decir: el fundador de Montevideo terminó teniendo el rostro de un personaje de ficción.Y quizás allí exista una metáfora perfecta de la historia.Porque las ciudades no se construyen solamente con piedras y documentos. También se levantan con símbolos, relatos y memorias imperfectas.Montevideo nació entre el barro, las disputas imperiales y el miedo a perder el territorio.Y detrás de aquella fundación quedó la figura de un vasco severo, mutilado por la guerra, decidido a defender la frontera más austral del imperio español.
Un hombre del que todavía, trescientos años después, no conocemos la verdadera cara.
(Agradecemos al Dr. Ricardo Petrissans por su permiso para utilizar su trabajo original para poder desarrollar este trabajo)

 

 

 

   
   
   

 





   
 


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