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PSICOLOGÍA

 


 
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La maduración  y las adquisiciones evolutivas en los niños pequeños

Crecimiento y Desarrollo neuronal

Durante los años pre-escolares, es decir entre los 3-5 años, los niños aumentan su altura y peso en forma regular, no obstante la velocidad de su crecimiento es más lenta que en los primeros 2 años de vida.
El cerebro se encuentra en pleno desarrollo, se da la llamada “arborización de las dendritas” y la progresiva conexión de las neuronas entre si. Este proceso que se inicia en la gestación, se extiende en su máxima intensidad hasta los 3 años de vida, aunque se hace más lento.
En el comienzo de los años pre-escolares ya se ha terminado la denominada “mielinización” de las neuronas. La mielina es una sustancia que a modo de vaina recubre al axón (terminación de las neuronas) y que aumenta la velocidad de los impulsos nerviosos. Esta condición permite que el niño pueda realizar actividades sensoriales y motoras  mucho más precisas y rápidas.
La integración de la actividad de la corteza cerebral alcanza niveles altos desde los 3 años, generándose procesos más complejos.

El lóbulo frontal y la función de La Atención:

El lóbulo frontal madura notablemente sobre los 5-6 años, posibilitando el desarrollo de importantes funciones de regulación y planeamiento de la conducta. Gracias a esto, actividades que eran inicialmente involuntarias pasan a depender del control cortical (de la corteza cerebral) Un ejemplo importante de esto es La Atención, ya que ha lo largo del período pre-escolar se va haciendo cada vez más sostenida y conciente. Es decir, cada vez más el niño atiende lo que desea atender y puede cambiar el foco de su atención cuando quiere.  El dominio completo de la función de la atención se logra en el período escolar (6-11 años)
Relacionando este con los capítulos anteriores referidos a la actividad del juego en los niños, se puede pensar como un correcto funcionamiento de la ATENCIÓN, permite desarrollar un juego sostenido y continuado. La atención es la base para desarrollar cualquier actividad, nos permite disponer nuestra conciencia a un determinado punto de la realidad.
Un niño con dificultades atencionales tendrá un juego desordenado, “saltará” de una actividad a la otra, dejará las cosas por la mitad, etc.
Siguiendo lo que se venía desarrollando con el niño pre-escolar, se puede inferir entonces que su juego no será tan continuado, ya que como indicamos la función de la Atención no ha madurado completamente, sino que se está desarrollando.
Es importante señalar que la atención no depende exclusivamente de una cuestión madurativa del cerebro, sino de que está estrechamente relacionado con los estímulos y características del ambiente. Por ejemplo, un ambiente familiar de violencia física  puede generar dificultades atencionales en un niño escolar que debería tener esa función prácticamente dominada. Pero en tal caso no sería por una cuestión de maduración si no por el contexto en el que se desenvuelve le genera un alto monto de ansiedad que entorpece el proceso de atención. (Entre otros síntomas que pueden aparecer en el niño.)
He señalado un ejemplo extremo, lo tiene por qué suceder violencia física en la familia, otras dificultades como el maltrato verbal, alto grado de exigencia para con el niño  (le piden que cumpla con muchas actividades o tareas, o le exigen un alto rendimiento siempre), etc. pueden generar el mismo síntoma de dificultad atencional.

El control del cuerpo y la expresión gráfica

El control del cuerpo sigue la ley denominada cefalo-caudal, próximo-distal. Es decir la adquisición del control va de arriba hacía abajo, esto es de los brazos se sigue al control de las piernas y de las partes más próximas, se sigue a las partes más alejadas (distales) para hacer posible un movimiento más fino y controlado de las manos y dedos.
El afinamiento de la destreza motriz manual le permite al niño pre-escolar de 3 años pintar con los dedos, trazar líneas y dibujar figuras circulares. A los 4 años el niño puede empezar a dibujar una figura humana precaria y recortar con tijeras. Sobre los 4 años también puede trazar letras rudimentarias. Sobre los 4-5 años puede hacer más fluida la combinación entre curvas y rectas.
Hacia los 5-6 años los trazos son más típicos de la escritura convencional.
El desarrollo madurativo del control del cuerpo permite entonces la expresión típica de juego de los niños pre-escolares, que ya comenté en capítulos previos: La Expresión Gráfica. Ellos juegan dibujando, recortando, rayando.

El control de los esfínteres

El control de los esfínteres (orificios del cuerpo) se produce en el entorno del año y medio, 2 a 3 años. En general el control corporal se realiza primero de día, antes que en la noche. Y las heces (a partir del año y medio) se controlan antes que la orina. (Sobre los 2 y medio)
El entrenamiento lúdico y relajado siempre es lo más aconsejable que ejercer presión emocional.
El entrenamiento precoz debe evitarse ya que el niño no tiene el control madurativo fisiológico para lograrlo y la relación con el entorno adulto puede tensionarse.
Es conveniente empezar el entrenamiento cuando el niño ya posee la maduración necesaria para que pueda ejercitar ese control y dominar la función fisiológica.
Esto es muy importante ya que los padres se llevan por los cuentos de su infancia y comparan su propio desarrollo con el de su hijo: “yo dejé los pañales a tal edad, mi hijo está un poco atrasado”. Al respecto cabe decir que los relatos de su infancia o recuerdos no son de todo precisos, por los que no hay que tomarlos como estricta referencia, y en segundo lugar, cada niño es único y tiene sus propios tiempos para sus adquisiciones por lo que siempre hay que tomar a las etapas evolutivas con cierta flexibilidad para no generar tensiones innecesarias. Estos primeros aprendizajes son la base para los siguientes, y si el niño adquiere estos hábitos en forma forzada y ansiosa, repetirá estos parámetros de ansiedad con las siguientes adquisiciones y aprendizajes.

El esquema corporal

La representación de nuestro cuerpo, de las partes que lo componen, de sus posibilidades de acción y sus limitaciones (distancia, rapidez) es el esquema corporal.
Es una representación compleja que se va construyendo lentamente en función de las experiencias con el cuerpo y de las vivencias del cuerpo.
Gracias a la misma conocemos nuestro cuerpo y su entorno y somos capaces de ajustar nuestra acción motriz a nuestros propósitos.
Si no fuese correcta esta representación nuestra acción motriz se vería entorpecida continuamente, recurriendo siempre al ensayo y el error para ejecutar nuestras acciones. Es decir, estaríamos por ejemplo, calculando siempre nuestros pasos para  ejecutar una correcta marcha y no caernos.
Esta representación es parte conciente y parte inconciente. Infinidad de actos que son automáticos, se producen en base a referencias corporales ya asimiladas y no pensadas, inconcientes. Por ejemplo si queremos tomar un objeto que se encuentra lejos del punto en que estamos situados, ya “sabemos” que nuestro brazo no alcanza esa distancia, no lo pensamos y caminamos automáticamente dicha distancia para tomarlo. 
Dicho esquema se construye en función de la maduración neurológica y sensorial, la experiencia personal, y fundamentalmente la experiencia social.
Antes de conocer nuestro cuerpo se conoce el cuerpo del otro. Un bebé de pocos meses, explora el rostro de su madre, gradualmente identifica sus ojos, nariz, boca, atribuyéndole un significado a las expresiones de su rostro. Del mismo modo se obtiene la información del resto del cuerpo como las manos, brazos y piernas.
Otro hecho social relevante es el desarrollo del lenguaje. El muy común el juego con los bebés y niños pequeños: “¿donde están los ojitos?”, “¿Dónde está la boquita?”; Este juego tiene una función triple: aumenta el vocabulario del niño, se divierte, y aprende a conocer su cuerpo.
Relacionado con los capítulos anteriores vemos con el juego no es solo un vehículo de expresión del niño si no que es modo de intercambio adulto-niño que sirve a al expresión de afecto y al aprendizaje.
Con el apoyo verbal el niño aprende a “etiquetar” a las diferentes partes del cuerpo”, diferenciarlas entre sí, conocer su función. Atrás de la palabra se va construyendo un concepto que organiza el mundo exterior y el mundo del propio cuerpo.
El  lenguaje es también un instrumento que facilita el control de la corteza cerebral sobre el acto motriz. Es común que los niños pre-escolares dirijan sus acciones, su coordinación, con las palabras. Cuentan lo que van haciendo, dirigen su conducta con la palabra, como un apoyo para focalizar su atención y organizar la secuencia motriz. Por eso es común que los niños pequeños hablen mientras juegan o ejecutan una actividad que le interesa.
La percepción de la globalidad corporal en el niño es posterior a la de los objetos separados. El “yo” y el “cuerpo” es la síntesis de los elementos sueltos de un todo. El cuerpo  es confundido con uno de los elementos, por ejemplo el torso, y el uso del “yo” se afianza luego de la expresión de si mismo en tercera persona, esto es cuando el niño usa para referirse a si mismo la expresión “el nene quiere…”, “Carlitos fue a pasear”.
La verdadera constitución del yo corporal comienza hacia los 5 años. Los elementos se articulan e integran concientemente en un todo. El movimiento se empieza a reflexionar. El mundo se organiza según la posición del cuerpo, lo que genera las referencias de detrás, delante, derecha, izquierda, arriba y abajo. Entre los 7-12 culmina el proceso del yo corporal.

En resumen se puede decir que en la etapa pre-escolar la calidad y la discriminación de las percepciones aumentan, se afina la habilidad motriz y se coordina mejor la locomoción.  La gama de objetos conocidos y su articulación se amplia. Todo esto facilita la exploración del mundo externo y el conocimiento del cuerpo y su interacción con el medio.
El apoyo de los padres o de quienes cumplan con esa función es esencial para estimular las adquisiciones evolutivas propias de esta etapa en forma lúdica y no ansiosa. 
En los siguientes capítulos continuare mencionando procesos importantes de esta etapa como el desarrollo del lenguaje, la marcha y la alimentación autónoma del niño, en relación con la maduración fisiológica y el estimulo del contexto familiar.

Fuente bibliográfica consultada: “Desarrollo Físico y Psicomotor a lo largo de los años preescolares”  de Joaquín Mora y Jesús Palacios, Cáp. 8 de “Desarrollo Psicológico y Educación” Tomo I. Editorial Alianza, 1990. Compilación de Jesús Palacios y otros.

 

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Notas sobre el juego en los niños

Juegos y Etapas


Las etapas del juego del niño se pueden dividir en tres; la Primera Infancia (2 años a 5 años); Segunda Infancia o Latencia (6 años a 10 años) y La Pubertad (10 años a 13años).
Esta división es una aproximación, ya que el comportamiento del niño cambia en forma gradual, e incluso sucede que se superponen diferentes tipos de juegos, de intereses, etc.
Por tanto hay que tomar dichas etapas con flexibilidad, y pensar que pueden encontrarse en el principio un período rastros del que pasó, o al final de un período encontrar ya indicios del que viene.
Primera infancia:
Hasta los 3 años en el trabajo psicológico es difícil que el niño entre solo, si puede entrar sin compañía de la madre o padre es llamativo, y se debe tomar como un elemento a analizar.
La dificultad es entrar solo radica porque inicialmente la relación madre-hijo es simbiótica, el niño no discrimina entre su madre y él, son uno. El niño vive en un estado de indiferenciación con su madre y mundo circundante.
Las frustraciones sufridas con la alimentación, por ejemplo que la madre no acuda “enseguida” a darle el pecho o a alimentarlo con la mema, le implican al niño soportar un tiempo de espera, no pudiendo satisfacer la inmediatez de su deseo; Así el niño va generando progresivamente el espacio yo- no yo, adentro (hambre)-afuera (quién le provee el alimento).  Se substituye entonces esta indiferenciación primaria por una creciente separación entre él, su madre, el mundo y las cosas. 
Al ser entonces la  primera relación de objeto  simbiótica, el niño considera a su madre como parte de sí mismo, de ahí la necesidad de la presencia constante de ella. Esto como se ha señalado se ve en la entrevista psicológica claramente.
A partir de los 4 años el niño puede empezar a entrar solo al consultorio.
En esta etapa la actividad lúdica tiene una característica saliente; el niño usa el juego como complemento de sus acciones, ya que trasmite sus fantasías, intereses y conflictos con su propio cuerpo. En general se mueve, va y viene, nos habla. El juego y los juguetes son secundarios a su accionar.
Los juguetes además no son tomados con su propio significado, tienen menos en cuenta la realidad. Suelen elegir los materiales de expresión como el papel, lápices, crayones, tijeras, cascola, etc.
Recuerdo el caso de un niño de 5 años que venía a la consulta con su madre y abuela. El motivo de la misma radicaba en el reciente alejamiento de su padre de su casa, por encontrarse encarcelado por hurto. Además tenía adicción a la pasta base. En los dos primeros encuentros, el niño se oculta debajo de la mesa o atrás de su madre o abuela. Dibuja  además con lápices de colores que le ofrezco. 
En el tercer encuentro el niño entra solo a la consulta, aunque con dificultades. Le dejo la puerta abierta para vea a la madre sentado esperando.
En el cuarto encuentro el niño puede entrar solo con menos ansiedad. Cerramos la puerta, y verifica un par de veces a lo largo de la entrevista que su madre aún está allí esperando afuera.
Tal como es esperable para esta etapa el niño utiliza en las entrevistas mayormente el recurso expresivo, dibuja, juega con plasticina. Aunque también se mueve, indaga en los detalles del consultorio.
Las dificultades para entrar solo del inicio pueden leerse como una “vuelta atrás” de una etapa anterior donde necesitaba la presencia constante de su madre para “ser” El alejamiento de su padre puede ver como el disparador a la retracción del seno materno (madre-abuela) por la pérdida de ese elemento de apoyo y diferenciación como es la figura paterna.
Segunda Infancia:
Los niños suelen repetir sus juegos, es decir, muestran siempre las mismas escenas, organizadas de la misma manera, etc.  Una de las características de esta etapa es que en ella se construyen las  defensas psicológicas  ante los impulsos que van en contra de las normas sociales prevalentes. (Los impulsos hostiles, por ejemplo)
Los juegos son estereotipados, pero al mismo tiempo poseen sutiles diferencias que pueden servirle al psicólogo.
A partir de los 5 años hasta los 6-7 años los juguetes se convierten en lo más importante de las entrevistas psicológicas, ya que les gusta manipularlos, comentan el desarrollo del juego.
A partir de esta edad también se comienzan a ver marcadas diferencias entre los juegos de niños y niñas. Aquí inciden los factores psicológicos y los factores socio-culturales que marcan los intereses de género. 
Al comienzo de la latencia el juego suele mostrarse como activo y variado (Entre los 6 y 7 años) hasta llegar al juego de repetición que mencioné anteriormente (7, 8 años) para comenzar luego con la escritura y el dibujo, recursos más bien propios de la próxima etapa, la pubertad.
En la entrevista psicológica pueden verse que hace intervenir más al psicólogo en sus juegos y fantasías.
Para ejemplificar esta etapa mencionaré dos casos que pueden calificarse como muy distintos de dos niños pertenecientes a esta etapa evolutiva.
El primero es el caso de una niña de 7 años. Provenía de un ambiente de violencia doméstica (el padre golpeaba a la madre)
La niña presentaba en la consulta siempre el mismo escenario; Una historia con animalitos de granja y salvajes. Retiraba los materiales de la caja cuidadosamente, organizaba la escena, desarrollaba la trama, haciendo comentarios breves, y en voz baja de los que sucedía con los personajes, culminaba con el cierre de la historia, y guardaba todo prolijamente en la caja nuevamente. A veces parecía que actuaba en “cámara lenta”, por ser tan cuidadosa y lenta en organizarlo todo.
Este ritual es una forma de expresión típica del juego de esta etapa, la forma de presentar el juego puede leerse como la expresión de las defensas psicológicas que señalé antes. En este caso se defendía de los impulsos hostiles (propios y vividos en su entorno) a través de un juego muy controlado, hiper-organizado, con pocas variaciones.
Lo hostil se colaba no en la forma, si no en el contenido del juego, ya que en la historia que representaba los personajes morían o sufrían accidentes.
El otro caso es de un niño de 7 años que venía a la consulta por trastornos de conducta en la escuela y dificultades de aprendizaje. Provenía de un ambiente cultural pobre, concreto y hostil.
En el desarrollo de las entrevistas el niño se paraba, iba para un lado y otro del consultorio, ante la propuesta de la caja con los materiales que le ofrecí, sacaba algunas cosas de manera descuidada, ante lo cual siempre terminaba eligiendo hojas y lápices. Hacía dibujos que dejaba sin terminar, interrumpía su actividad para levantarse, andar de un lado a otro, tocar algo del consultorio que le llamaba la atención, o golpeaba  con los lápices el escritorio, etc.
En este caso se muestra como el niño por las características propias y de su contexto, manifestaba conductas de un niño de menor edad, sin poder desarrollar un juego organizado, sino mas bien mostraba actividades inconexas, y apoyándose únicamente en recursos (hoja, lápices) utilizado por niños más pequeños.
Las características de su ambiente iban en detrimento de los avances propios de su edad, su juego era un indicador más, explorando en las demás áreas comprobé que también presentaba dificultades y pocas adquisiciones.
Pubertad (10 a 13 años).
Se producen desajustes y angustia por los cambios corporales. La plasticina y los dibujos son recursos muy utilizados. Disminuye asimismo la comunicación verbal con el psicólogo. La diferencia entre sexos es menor ya que ambos muestran su preocupación por los cambios en su cuerpo y la incipiente construcción de una nueva identidad.

Para terminar estos apuntes reitero la importancia de tomar a estas etapas con flexibilidad, dependiendo la lectura de cada caso, de las características del niño y su ambiente particular.
 

 

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Notas sobre el juego en los niños

Su importancia como  indicador diagnóstico y elemento terapéutico

Por. Jennifer Scavino (Psicologa)
El juego es una actividad esencial en la vida de los niños y puede ser visto desde distintos ángulos.
Por su importancia en la vida del niño ha sido pensado y utilizado como indicador diagnóstico y  herramienta terapéutica psicológica.
El psicólogo emplea al juego como una herramienta de trabajo e introduce material para que el niño pueda desplegar sus fantasías y experiencias.
Los juguetes que se utilizan en el trabajo psicológico son en general pequeños, variados y simples, para que el niño tenga una amplia posibilidad de expresarse.
Puede utilizarse una “caja de juego” con material estándar o bien equipar una “habitación de juego”.
El juego es una actividad esperable y necesaria para todo niño. En el mismo se recrea lo que no esta, es un “como sí”, es un sustituto.  A través del juego, entonces, el niño puede asignar roles o indicar su deseo de revertir roles, expresa como se siente ante los adultos, padres o personas de autoridad.
Recuerdo un paciente de 5 años que en la primera entrevista a solas conmigo, empezó a utilizar figuras de madera y con ellas armó una breve historia. En la misma había un caballo grande y un caballito pequeño. El caballo grande estaba acostado y el pequeño de pie a su lado. Ante esta escena el paciente comenta: “la mamá esta dormida”. Este niño tenía antecedentes desde su nacimiento de una madre con depresión, intentos de autoeliminación y abandono del hogar.
Más adelante el paciente comenta: “cuando nací mi mamá estaba dormida”
Es notable como el niño expresa su angustia ante el alejamiento de su madre (pérdida) y la fantasía de una mamá “dormida” (“muerta quizás para él”), que no puedo cumplir con la función materna de apuntalamiento y contención.
La variedad de situaciones emocionales que pueden ser expresadas por el juego son ilimitadas. Así puede expresar sentimientos de frustración, y de ser rechazado, celos del padre y de la madre, o de hermanos y hermanas, agresividad acompañando esos celos, sentimientos de amor y odio hacia un bebé recién nacido o a uno que está por nacer, así como la ansiedad resultante, sentimientos de culpa y urgencia de reparación.
La agresividad por ejemplo puede expresarse en el juego del niño, directa o indirectamente. Puede romper un juguete o puede escenificarla con personajes, por ejemplo, que se gritan y se golpean.
En el juego también vemos  repetición de experiencias reales y detalles de su vida cotidiana, a menudo en conexión con sus fantasías.
En el trabajo diagnóstico y/o terapéutico, la figura de madera, el auto, no solo representan cosas que interesan al niño en si mismas, sino que en su juego tienen una variedad de significados simbólicos que están ligados a sus fantasías, deseos y experiencias.
Al transferir sus emociones el niño experimenta un gran alivio. Es una de las razones que el juego es esencial para él.
Otra característica importante del juego es que en un mismo punto convergen múltiples elementos y es por ello que da lugar a multiplicidad de significados. Por ejemplo el dibujo de una casa puede representar a la madre (por su función de abrigo y contención) y/o a la maestra.
Otro elemento del juego es el desplazamiento, es decir, un proceso de descentramiento de significados. Un auto puede representar al papá, a un hermano, etc., se desplaza entonces el  significado “papá” (importante para el niño) a otro elemento “auto” distinto del original (de menor importancia para el niño).
A la hora de trabajar con un niño es necesario visualizar como se acerca al material que el psicólogo le ofrece y como se da el proceso de elección y manejo del material.
El material ofrecido es un equivalente de sus “contenidos psíquicos”; de su “mundo interno”, por lo cual nos esta diciendo como se acerca a sus cosas.
En una entrevista con una niña de siete años que venía a la consulta por trastornos de conducta en la escuela, se podía ver como ella abría la caja con el material de juego rápidamente, sacaba varios elementos, los golpeaba, los tocaba, los dejaba, los volvía a tomar, sin desarrollar ninguna actividad específica con ellos, sin armar historia alguna, etc. Se la notaba ansiosa en todo momento.
Esta niña provenía de un contexto pobre y muy concreto donde prevalecían los gritos y los golpes y no mediaban las palabras. Nos mostraba con su conducta un indicador de su situación familiar, pocas palabras, golpes, ansiedad, desbordes.
El juego debe mantener una cierta organización, un hilo conductor.  Si el niño no logra esa organización o produce una organización excesiva (juego controlado, reglado exageradamente) es un indicar diagnóstico importante.
Como cierra su juego, es decir si puede darle un fin a la actividad que viene desarrollando de una manera adecuada, también es un elemento a observar. Hay niños que dejan los materiales tirados sin guardar nada, otros los guardan cuidadosamente, otros le piden ayuda al psicólogo para guardarlos. Todos estos datos se valoran según el niño particular con el que se trabaja.
En el juego hay repetición, muchas veces vemos en los niños que tienen temporadas donde repiten el mismo juego, de la misma manera, recreando las mismas condiciones. En psicoanálisis indica que esta repetición no se da por una búsqueda placentera exclusivamente, también se produce para elaborar (procesar, sobrellevar, superar) situaciones dolorosas.
El juguete por su tamaño, por ser algo propio y permitido, le da la posibilidad al niño de ejercer dominio sobre él, convirtiéndolo en una herramienta adecuada para revivir situaciones reales que han sido penosas o difíciles. Puede ocupar entonces una actitud activa ante una situación que ha sido vivida  pasivamente.
El juego el niño elabora situaciones de su vida cotidiana que por su inmadurez psíquica no puede elaborar de otra manera.
El jugar desplaza al exterior miedos y angustias internas, situaciones que por lo general son intolerables. Le permite distribuir los sentimientos en múltiples objetos y así disminuir su intensidad.
La riqueza del juego y las asociaciones verbales del niño que a menudo acompañan su actividad lúdica permiten al psicólogo construir hipótesis de trabajo para comprenderlo y ayudarlo.
La labor del psicólogo radica en “poner en palabras” el juego del niño, procurando entender lo que le pasa., y dirigirse al camino de la superación de los conflictos, ansiedades y angustias.

(En el próximo artículo indicaré las características del juego según la etapa evolutiva del niño)

 

 
 
 
 
 
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