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LEÓN XIV: DE CHICAGO AL CORAZÓN DE LA IGLESIA
Por Julio César Romero Magliocca

   

La historia del Papa León XIV comenzó lejos de Roma, en Chicago, el 14 de septiembre de 1955. Allí nació Robert Francis Prevost, el menor de los tres hijos de Louis Marius Prevost y Mildred Agnes Martínez, una familia profundamente vinculada a la educación y a la vida de su comunidad. Su padre, veterano de la Marina de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, dedicó luego su vida a la enseñanza y llegó a dirigir instituciones educativas. Su madre trabajó como bibliotecaria. Ambos participaron activamente en la parroquia de Saint Mary, un ambiente en el que Robert fue creciendo y donde comenzó a descubrir una vocación que, con el paso de los años, lo llevaría por caminos que difícilmente aquella familia de Chicago podía imaginar.

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Desde joven fue un estudiante inquieto y comprometido. Pasó por la Saint Mary School of the Assumption y luego por el seminario menor agustiniano de Michigan. Allí fue dirigente estudiantil, responsable del anuario y participante de distintas actividades. También practicó tenis y jugó a los bolos. Después ingresó en la Villanova University, donde se graduó en Matemáticas en 1977 y estudió Filosofía. Ese mismo año comenzó un nuevo camino: ingresó al noviciado de la Orden de San Agustín. Profesó sus primeros votos en 1978, estudió Teología en Chicago y, en 1981, realizó sus votos solemnes. Poco después viajó a Roma para especializarse en Derecho Canónico en la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino.
Fue ordenado sacerdote el 19 de junio de 1982, en la capilla de Santa Mónica. Dos años más tarde obtuvo su licenciatura en Derecho Canónico y posteriormente alcanzó el doctorado. Pero su verdadera historia pastoral comenzó a tomar forma lejos de los grandes centros del poder eclesial. En 1985 fue enviado a Perú, donde comenzó una larga relación con América Latina que marcaría profundamente su vida. En Chulucanas y luego en Trujillo desarrolló durante años una intensa tarea pastoral, educativa y formativa. Fue párroco, formador de religiosos, profesor, rector, vicario judicial y responsable de distintas comunidades. Vivió de cerca la realidad de las personas y de las Iglesias locales, aprendiendo que la tarea de un pastor no se reduce a administrar estructuras, sino que implica caminar junto a la gente, escucharla y compartir sus esperanzas y dificultades.


Su vínculo con Perú sería tan profundo que, años después, obtendría la nacionalidad peruana. En 1998 fue elegido prior provincial de los agustinos de Estados Unidos y al año siguiente asumió esaPAPA LEÓN XIV foto 3.jpeg responsabilidad. En 2001 sus hermanos de la Orden lo eligieron prior general de los agustinos, cargo que desempeñó durante dos períodos. En 2014 llegó una nueva etapa. El Papa Francisco lo nombró administrador apostólico de Chiclayo y posteriormente obispo. Su lema episcopal sería una expresión profundamente agustiniana: In Illo uno unum, “aunque somos muchos, en el único Cristo somos uno”. Durante sus años en Perú continuó desarrollando una tarea cercana a las comunidades. Fue obispo de Chiclayo, participó activamente en la Conferencia Episcopal Peruana y asumió responsabilidades relacionadas con la educación, la cultura y la vida de la Iglesia. El Papa Francisco reconoció en él una experiencia particular: la de un hombre que había conocido la Iglesia desde distintos lugares y culturas, que había trabajado en América Latina y que también conocía desde dentro las estructuras de la Iglesia universal.


En enero de 2023 lo llamó a Roma para confiarle una de las responsabilidades más importantes de la Curia: prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Ese mismo año fue creado cardenal por Francisco. Su trayectoria continuó creciendo hasta que, el 6 de febrero de 2025, fue promovido al orden de los cardenales obispos, recibiendo el título suburbicario de Albano. Poco después llegaría uno de los momentos más significativos de su vida. Tras la muerte del Papa Francisco, los cardenales se reunieron en cónclave. El 8 de mayo de 2025, después de las votaciones, apareció la esperada señal blanca sobre el Vaticano. Robert Francis Prevost había sido elegido Papa.
Eligió llamarse León XIV. Con su elección, la Iglesia escribió una nueva página de su historia: fue el primer Papa nacido en los Estados Unidos de América y el primero perteneciente a la Orden de San Agustín. Pero detrás de los títulos, los cargos y las dignidades hay una historia mucho más humana: la de un niño de Chicago, hijo de un maestro y de una bibliotecaria; la de un joven que encontró su camino en la espiritualidad de San Agustín; la de un sacerdote que cruzó el continente para vivir durante décadas junto a las comunidades del Perú; y la de un pastor que terminó llegando al corazón mismo de la Iglesia Católica. León XIV habla inglés, español, portugués, francés e italiano. Su vida ha transcurrido entre culturas y pueblos diferentes, pero atravesada por una misma convicción: la Iglesia debe ser capaz de encontrarse con las personas allí donde están.Quizás por eso su historia no pueda comprenderse solamente a través de sus títulos o de las responsabilidades que fue acumulando a lo largo de los años. Antes que prefecto, cardenal o Papa, fue Robert. Un hombre nacido en Chicago que un día decidió entregar su vida a Dios y que, siguiendo un camino que pasó por Estados Unidos, Roma y especialmente por América Latina, terminó siendo llamado a conducir a la Iglesia universal. Desde aquel niño que crecía en una familia de educadores hasta el hombre que hoy ocupa la silla de Pedro, hay más de siete décadas de una vida marcada por la vocación, el servicio, la formación y el encuentro con los demás.

 

 

 

   
   
   

 





   
 


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